EL EGO
Por lo regular en diversos contextos, especialmente organizacionales, se menciona al “ego” como un elemento desconocido en tanto incomprendido de la inmanencia, para hacer referencia a una crítica equivoca que ha de ser mejorada en el comportamiento humano, propio de su reconocimiento como “ser único”, prevaleciendo en ocasiones prejuicios totalizadores. Comprender el “ego” implica reconocer su carácter funcional, limitado y la experiencia inagotada del (yo).
Existe la tendencia de juzgarlo inapropiadamente para significar conflictos individuales en relación con el entorno social, conductas morales, eventos existenciales, en ocasiones sin entender que es. El ego deja de ser estrictamente bueno o malo, es un referente único del “yo”, es la impronta que diferencia a un individuo del otro, es como la huella dactilar. Sin él, es inexistente la memoria individual y la carencia de lo que se fue antes y de lo que se es ahora.
¿Por qué se mira al ego cómo un hecho nocivo? En lo cotidiano se suele resignificar al “ego” como una acción defensiva y no como un rasgo que identifica al ser en cuanto tal, en otras palabras, lo proyectamos como la defensa del otro frente a su imagen reputacional, el fracaso, equivocación o el escarnio de lo público.
Cuando el individuo actúa desde el “ego” está protegiendo lo que cree debería ser y no quien es; existe algo llamativo, todo narcisismo implica una configuración particular del “ego”, empero, no todo ego es narcisista, para comprender este postulado podríamos exponer que el “narciso” no parte de ese amor propio que lo excede, parte de una personalidad frágil que requiere de una confirmación permanente de su “yo” y de una aceptación en el que sostiene su identidad, en la medida se es, en apariencia más seguro, requiere “imponerse, compararse y buscar validación”.
Por lo anterior el “ego” no busca comprender sino “sobrevivir”. Veamos: en muchas ocasiones al referirnos sobre determinada idea en una reunión, con vecinos, con la familia, en el empleo, la escuela, la universidad, como jefes, como líderes o con alguna posición que aventaja al otro, o no, se pasa de una postura a una confrontación de egos. ¿Por qué en ocasiones defendemos una posición, que es inadecuada frente a lo obvio, para evitar reconocer que no se tenía la razón?
Imagen tomada de pinterest.
Cuando el “ego” captura el pensamiento, convierte la dialógica en un “campo de combate” y el reconocimiento del error como “humillación”. Todo ser humano tiene ego en su actuar, quien señala que superó el ego de plano está afirmando que se identifica con el “ego”, dicho lo anterior se puede considerar una falla afirmar que el “ego” se puede matar.
Una mente sana puede desde lo simbológico considerar al ego como una forma de actuar que propicia actuaciones sensatas de retroalimentación en cuanto al comportamiento conductual, sin necesidad de requerir constantes beneplácitos. Contrario a una concepción dañada que puede considerar al ego desde lo simbólico, como un acto de afrenta las críticas, incluso llevarlas al plano personal asumiendo las mismas como un desprecio, humillación e incluso traición.
En actuaciones del poder, pasa incluso inadvertido, – más allá de lo material -, identidades fracturadas que pretenden un reconocimiento: el jefe que no permite contrariedades del subalterno, aquel que necesita sentirse superior, el novio (a) que en una relación no permite reconocer o aceptar ser cuestionado y otros ejemplos que usted amable lector quiera agregar; conservan una idéntica secuencia, “creer que el ego en tanto comportamiento es la verdad”.
Diferenciar esto es importante, dado que quien este en permanente deconstrucción permite en la búsqueda de su verdad como el “yo”, puede cambiar de opinión, mientras que el otro “yo” no puede cambiar de opinión, dado que su mente está subsumida por el “ego”, en consecuencia, cambiar de opinión o conducta sería equiparable con perder la dignidad, por lo tanto, su esquema mental es rígido y dominado por el miedo.
Lo anterior refleja además una “estructura de sufrimiento” interior desde el punto de vista psicológico, no relacionado con hechos sino con la construcción de una historia en la que el ego ha cimentado lo que se es, partiendo de posturas victimizantes en dónde el “suceso parcial” termina como una “conclusión totalizadora” cuyo producto refleja al ego herido.
Podemos observar otra contrariedad rutinaria y es cuando el “yo” define a partir de experiencias no deseadas, una narrativa estructurada en el subconsciente condicionando al ego en función de la misma, es decir, desde el fracaso, el error, el rechazo y otras vivencias que pueden subsistir desde la niñez.
El ego no se puede desmontar ni negar, pero sí lograr moldearlo frente a situaciones que requieren elasticidad, como el reconocer ciertas conductas que pueden cambiar, pensando en el pensar del actuar a partir del ego. ¿Cuántas de nuestras actuaciones son razonadas y cuántas son defensas identitarias que buscan proteger una imagen?
Referencias
Chul, B. (2024). La Sociedad del Cansancio. Herder.
Fromm, E. (2000). El Arte de Amar. Paidos.
Jung, C. (2020). The Black Books: Facsimile Eidtion. (W. N. Company, Ed.)
https://co.pinterest.com/pin/655836764473694831/
Rogers, C. (2023). El Proceso de Convertirse en Persona. Paidos Iberica.
Sartre, J. (2004). El Ser y la Nada. Losada.
https://www.youtube.com/watch?v=7F0Wmta6Jz0&t=60s



Fuera PETRO y no tiene que ver con mi Ego.
ResponderEliminarSuperar egos es el punto de partida para discusiones entre contradictores.
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